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Si quieres ser feliz, aprende a perdonar..!

Pues, precisamente, los psicólogos nos dicen que al menos siete de cada diez personas tienen a lo largo de su vida sensación de culpabilidad, de haber cometido un error del que jamás se han podido liberar o que no han sido capaces de perdonar.

El complejo de culpa es la causa más común de trastornos mentales y nerviosos que se manifiestan en distintos órganos del cuerpo. El dolor es una sensación controlada por el cerebro. Cada individuo tiene un umbral perceptivo diferente, y así, un dolor que para una persona puede ser insoportable, para otra puede ser más llevadero.

El perdón es el sustantivo de la acción de perdonar. Según el Diccionario, perdonar significa “renunciar con buena disposición de ánimo a obtener satisfacción o venganza de una ofensa recibid, no guardando ningún resentimiento o rencor”. Podemos llegar a ser felices:

1. Cuando perdonamos a los demás.

Expresiones como: ¡Nunca lo perdonaré, ni aun después de muerto!, han perseguido y atormentado a personas que efectivamente han acompañado a la tumba a aquellos individuos que consiguieron ser víctimas de sus ofensores.

Mientras guardemos el rencor de la ofensa, experimentaremos una tensión en la mente que inevitablemente provocará problemas y aflicciones en el cuerpo. El rencor no consigue nada. Después de seguir el precepto evangélico de reconciliarnos con nuestro prójimo y de otorgar el perdón que nos han requerido, o de pedir nosotros mismo el perdón, deberíamos conseguir esa paz mental que nos ayude a olvidar todo lo pasado.

Perdonar no significa que aceptemos que nos hagan cualquier cosa, significa soltar una relación permanente con ella. Puede que no queramos asociarnos con esa persona ya más, que no entre en nuestro círculo; puede incluso que no sea necesario, pero si le negamos el perdón, nos aferraremos a esa experiencia desgraciada y seguiremos unidos a ella por medio del rencor. Estas situaciones pueden ocurrir incluso en nuestro círculo más próximo. Miembros de una misma familia enfrentados año tras año.

Recordemos las palabras de Mahatma Gandhi: ?El odio hace daño a la persona que odia, nunca a la persona que es odiada?. Y otro hombre sabio ya dijo hace dos mil años: “Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen y orad por aquello que os ultraja y os persiguen”. ¿Para qué? Para poder experimentar el cielo aquí en la tierra.

Leí en un libro la experiencia de una mujer que se encontraba deprimida y que la vida no tenía sentido para ella. Unos años antes, su marido la había abandonado y se había vuelto a casar. Antes de separarse el matrimonio, la mujer había avalado en un préstamo a su entonces marido, préstamo que éste no pagó, y fue ella quien después de la separación, tuvo que trabajar dura para sacar adelante a sus hijos y pagar el préstamo. Como se pueden imaginar los sentimientos de esta mujer hacia su ex-marido no eran muy favorables después de todo lo que había tenido que pasar. Tal era su estado anímico que al cabo de unos años tuvo que acudir a un terapeuta. Este, después de escucharla atentamente, le dijo que tenía que divorciarse de su ex-marido. Legalmente estaba separada, pero seguía atada a él por el odio y el rencor.

Le aconsejó que orase por él y que le desease lo mejor de la vida. Esta mujer lo consiguió, olvidó su rencor, y al cabo de un tiempo, recibió una llamada de su marido reconociendo que había obrado mal para con ella y que le devolvía el dinero del préstamo que ella había pagado.

Es mejor comprender a la persona que nos ha ofendido. Comprender es perdonar. Cuando se comprende, no hay nada que perdonar. Comprender es desear todo lo mejor para la persona que me hizo daño.

Por último, “si perdonáis a los otros hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial”. Mateo 6:14

Si no perdonamos a nuestros semejantes, ¿cómo podemos exigir el perdón de Dios?

“Porque si vosotros no perdonáis, tampoco vuestro Padre que está en los cielos os perdonará vuestras ofensas”. Marcos 11:26

Vamos a liberarnos del dolor, a conseguir una paz mental a través del gozo que obtenemos mediante el perdón.

El perdón es hacer “borrón y cuenta nueva”, es sacar todo lo malo que llevamos dentro, es limpiar nuestra mente, comenzar de nuevo, es olvidar todo lo ocurrido como si no hubiera pasado nunca. Dan Custer decía: “Perdonar es un principio práctico cotidiano de salud y progreso”.
La palabra perdón proporciona gozo, felicidad en dos esferas diferentes: gozo en el cielo y en la tierra.

2. Cuando nos perdonamos a nosotros mismos.

Unas persona con complejo de culpa, que se cree pecadora, no puede sentir que tiene derecho a la vida, a vivir, a alcanzar el bien que todos intentamos conseguir. Es más difícil llegar a perdonarse uno mismo por los errores, por los pecados cometidos contra Dios o contra nuestro prójimo.

Recordemos una vez más la relación mente-cuerpo. Muchos dolores de cabeza, jaquecas, taquicardias, mareos, vómitos, tienen un origen psicosomático, producidos por sentimientos de culpa, rencor, odio, etc.
Una persona con complejo de culpa, que se cree pecadora, no se cree merecedora de sentir el bien en su vida. Al llevar en nuestras almas las sensaciones de viejos errores impedimos que las cosas buenas lleguen hasta nosotros. Siempre que tengamos una sensación de pecado o creamos que hemos cometido un error y no lo hemos rectificado, no disfrutaremos del amor, del aprecio que deberíamos sentir por nosotros mismos. El perdón y la liberación tienen lugar cuando nos damos cuenta de que las experiencias pasadas por las que nos sentimos culpables eran solamente un error debido a nuestra ignorancia; y si fueron realizadas conscientemente, después de reparar el daño cometido, ¡olvidémoslas! Ya no tienen otra solución. Robert Stevenson nos dejó las siguientes palabras: “Los santos son aquellos pecadores que siguen avanzando”.

3. Gozo cuando perdonamos a Dios. (Cuando culpamos a Dios de todo lo malo)
De ninguna manera podemos culpar a Dios de todo lo malo que permite que exista en la tierra. Dios no es responsable de los problemas, las enfermedades, las guerra, etc. Dios no tiene nada que ver con las situaciones tristes del mundo. Dios no tiene la culpa de la muerte de mi ser querido, de que yo no tenga trabajo, o del accidente que casi acaba con mi vida.

Sin embargo, solemos culpar a Dios de nuestros problemas y aflicciones. La responsabilidad está en nosotros mismos, en el mal en general de la humanidad, en Satanás. Pero, gocémonos de tener un Amigo que nos va a ayudar a sobrepasar los sufrimientos de esta vida, y no nos va a permitir pasar por más desgracias de las que podamos superar.

Nadie puede avanzar si se aferra al pasado. Nadie puede pensar de manera clara y eficiente se su mente está llena de pensamientos de odio, de recuerdos negativos, de heridas y errores; he aquí la razón por la que es necesario perdonar para poder amarnos a nosotros mismos, a nuestro prójimo y a Dios.
Cuanto más pecadora o culpable se sienta una persona, menos posibilidades tendrá de ser feliz, saludable, e incluso observadora de la ley de Dios.

Fuente: http://nuevotiempo.org/entrenosotras/category/bienestar/  
Todo Adventista Techs

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Nos encanta escribir y informar a las personas de nuestra comunidad cristiana-adventista sobre lo que esta pasando en nuestra iglesia, ademas de tambien dar recursos para el crecimiento espiritual de nuestros lectores. Esperamos que la informacion que compartimos en este blog, sea de bendicion para todos ustedes. -Todo Adventista Techs

1 comentario:

El secreto de la felicidad dijo...

Muy cierto. Hay que perdonar a otros y a nosotros mismos. Cuando lo hacemos, no sentimos así.. libres... como si podría tocar las nubes. Como si perderíamos la mitad de peso en un segundo. Saludos.

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