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La ley y La cruz

Según Colosenses 2: 14-17, la ley de Dios fue clavada en la cruz; por lo tanto, ¿necesitamos observar el sábado?

S i la Ley de Dios hubiese sido clavada en la cruz, entonces no solamente el mandamiento del sábado quedaría anulado, sino también los otros nueve. Es evidente que eso no ha sucedido, porque en todas las iglesia cristianas todavía se enseña que hay que respetar esa ley. Al no guarda el sábado, se explica que el día de reposo se cambió al domingo, con lo que se admite que el mandamiento del reposo semanal permanece.

Por otro lado, el mismo apóstol hace referencia a la Ley de Dios es todas sus epístolas, lo cual refuta la idea de que para él estuviera abolida. Nótese que en esta misma epístola a los colosenses señala como pecados que hay que abandonar a la fornicación, a la idolatría, a la blasfemia y a la mentira; pecados señalados por la ley de Dios (cap. 3: 5-9) (véase la pregunta 8 sobre Romanos 10: 4). Además, conviene recordar que los Diez Mandamientos están citados, directa o indirectamente, en todo el Nuevo Testamento, lo cual señala la permanencia de la Ley de Dios (véase la pregunta 12).


El principal propósito del apóstol Pablo al escribir el capítulo dos era refutar enseñanzas fundadas en "filosofías y huecas sutilezas, según tradición de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo", con ''culto a los ángeles" y fruto de una "mente carnal" (cap. 2: 8, 18). O sea, había un aparente esfuerzo de algunos en conciliar las enseñanzas apostólicas con doctrinas judaicas, helenistas y paganas, pero que no eran "según Cristo", sino "en conformidad a mandamientos y doctrinas de hombres" (cap. 2: 8. 22).


Nótese que después de advertir el error de esas doctrinas presentadas por los falsos maestros descritos en el versículo 8, el apóstol presenta la personalidad divina de Cristo (vers. 9, 10) y su obra de redención por "el poder de Dios que le levantó de los muertos" (vers. 12), razón por la cual "a vosotros, estando muertos en pecados. . . os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados" (vers. 13).


Con estos antecedentes llegamos al versículo 14, donde dice: "Anulando el acta de los decretos que había contra nosotros" (versión Reina-Valera, 1960). "Y cancelada la cédula del decreto firmado contra nosotros" (versión Torres Amat). Esa "cédula" o "acta de los decretos que había contra nosotros", ¿eran los Diez Mandamientos de la ley de Dios? Sería imposible admitirlo por dos razones: 1) Los Diez Mandamientos no son decretos "contra nosotros", sino que son preceptos de una ley santa, justa y buena (Rom. 7: 12), cuya obediencia significa bienestar y felicidad, por lo que ningún mandamiento está "contra nosotros". 2) El mismo apóstol que recuerda "el perdón de todos los pecados" por Cristo (Col. 2: 3), dos veces aclaró a los romanos que donde no hay ley tampoco hay pecado (Rom. 4: 15; 5: 13). Por lo tanto, si hay pecados que perdonar es porque hay una ley que los señala (Rom. 7: 7; 3: 20). Concluimos entonces que el "acta de los decretos que había contra nosotros" y que fue clavada en la cruz, tiene que ser otra cosa, pero de ningún modo la ley de Dios. De lo contrario la contradicción del apóstol sería evidente, pues por un lado reconocería la permanencia de la ley de Dios y por otro la anularía.


La palabra griega traducida como "acta" o "cédula" en el versículo 14 es cheirografon. Primariamente quiere decir "contrato escrito" o "certifícado de deuda" resultante de alguna transgresión. También "libro con registro de pecados" usado para la condenación del transgresor. Esto na ayuda a entender que lo que fue clavado en la cruz fueron los registra de nuestros pecados que "estaban contra nosotros" condenándonos a muerte (Rom. 6: 23).


Esa era la obra cumbre de Cristo, "el Cordero de Dios que quitad pecado del mundo" (Juan 1: 29). Su obra no era quitar la ley de Dios sino el pecado, que es la transgresión de esa ley (1 Juan 3: 4). Por lo tanto. Cristo clavó en la cruz el cheirografon, o sea el "registro de nuestra pecados", o "el certificado de nuestra deuda" de pecados que "había contra nosotros, que nos era contraria". Así se cumplió la promesa: "Yo, soy el que borro tus rebeliones. . ." (Isa. 43: 25).
De ese modo. destruyendo el cheirografon, o sea las evidencias de nuestros pecados. Cristo despojó "a los principados y potestades, la exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz" (Col. 2: 15). En efecto, "el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante A nuestro Dios día y noche" (Apoc. 12: 10), fue derrotado y descubierta su falacia. La versión popular Dios habla hoy presenta así los versículos 1 y 15: "Dios canceló la cuenta que había contra nosotros y que nos condenaba por sus requisitos legales. Puso fin a esa cuenta, clavándola en la cruz. Cristo, al morir en la cruz, venció a las autoridades y poderes espirituales, y los humillló públicamente, llevándolos como prisioneros en si desfile victorioso".


Habiendo quedado claro que lo que fue clavado en la cruz no fue la ley de Dios sino todo registro de nuestros pecados, perdonados por la muerte de Cristo y, por lo tanto, simbólicamente clavados en la cruz, pasemos ahora a los versículos 16 y 17. Las comidas, las bebidas, los días de repose o sábados mencionados en el versículo 16, son identificados por el versiculo 17, donde dice: "Todo lo cual es sombra de lo que ha de venir; pero el cuerpo es de Cristo". En efecto, en el ritual del templo y su sacerdocio levítico, había fiestas, comidas, bebidas y días de reposo o sábados que eran "sombra" o símbolos de Cristo.


La Pascua era un día de descanso celebrado con comidas y bebida en recuerdo de la liberación de la esclavitud de Egipto. Desde que Cristo nos liberó de la esclavitud del pecado (Rom. 6: 17, 18), se constituyó en nuestra pascua "sacrificada por nosotros" (1 Cor. 5:7). Así, el apóstol reconoce en la Pascua una sombra de Cristo. La gran fiesta de la Purificación del Santuario, celebrada cada año el 10 del mes séptimo, otro día de descanso o sábado, también era una "sombra" de Cristo cumplida con su único sacrificio (Heb. 9: 23-26). Y lo mismo podría decirse de otras fiestas o días de reposo como los panes ázimos, el Pentecostés, las cabañas, etc. De esta manera, contrariamente a lo que enseñarían esas "filosofías y sutilezas huecas" contra las que Pablo precavía a los colosenses, los cristianos no necesitaban tomar en cuenta para su salvación ese ceremonial simbólico, pues las "sombras" dejaban su lugar a la realidad: Cristo.


No podríamos decir lo mismo respecto al séptimo día, el día de reposo señalado por la ley de Dios, pues cuando fue establecido mediante la bendición y santificación del Señor (Gen. 2: 1-3), aún no había entrado el pecado en el mundo, por lo tanto no podía habérselo establecido como sombra de algo que no había ocurrido. Obsérvese que el mismo mandamiento da como razón de su santificación la creación del mundo: "Acuérdale del día de reposo para santificarlo. . . porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar y todas las cosas que en ellos hay, y reposó para santificarlo. . . porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día. . ." (Exo. 20: 8-11). Aquí es oportuno decir que el apóstol Pablo declaró a los colosenses que esa creación es obra de Cristo (Col. 1: 15-18). Por lo tanto siendo El el Creador, fue El el que bendijo y santificó el sábado. Esa es la razón por la que Jesús afirmó una vez a los judíos que el "Hijo del hombre es Señor aun del sábado" (Mar. 2: 28).


El mismo apóstol comparó una vez ante los judíos el reposo del sábado con el reposo espiritual (Heb. 3,4). Pero con ese hecho no anulaba la primera razón de su santificación, ser un recuerdo de la creación, pues la creación del mundo no fue anulada, ni tampoco su Creador. Fue una forma utilizada por el apóstol para hacer entender a los judíos que con el solo reposo físico del sábado, no podían alcanzar el reposo espiritual sin aceptar a Cristo. El único que podía darnos reposo espiritual, mediante el perdón de nuestros pecados, era Cristo. (Véase la pregunta 19.)


Concluimos diciendo que las fiestas señaladas en el versículo 16, eran referencia directa a las fiestas simbólicas o "sombras" de Cristo del ritual del templo y del sacerdocio levítico, que ya no tenían objeto. Por lo tanto si alguno no quería celebrarlas no cometía falta y por ese motivo no debía juzgárselo como transgresor.


Ofrecemos, como valiosa e interesante, la nota explicativa que aparece en El Nuevo Testamento con Notas, publicado por la Sociedad Americana de Tratados, 21 West 46th St., New York (Copyright 1906). Esa nota fue preparada por el Rev. P. A. Rodríguez y el Sr. Carlos Araújo, de Madrid, España, ambos creyentes evangélicos, no adventistas. En las páginas 648 y 649, dan esta explicación al versículo 16: "Nadie os juzgue, apruebe y repruebe, vuestro modo de tratar la ley ceremonial; de nueva luna o de sábados, los días cuya observancia estaban asociados con carnes, bebidas y lunas nuevas. Rom. 14: 10, 13. Este pasaje no se refiere al sábado de la ley moral, ni a los mandamientos que prohiben el robo, el asesinato y el adulterio. Este sábado semanal no ha perjudicado nunca a los hombres, sino que ha promovido siempre su bien. Su observancia les ayudó a conquistar los mejores lugares de la tierra y a poseer la heredad del pueblo de Dios. Isa. 58: 13, 14; Jer. 17: 21-27".

Fuente: Contestandotupregunta
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