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¿Debemos involucrarnos en política? (Parte 1/2)

¿Debieran involucrarse en política los Adventistas del Séptimo día? ¿Es correcto hacer campaña por un partido o una persona? ¿Debiéramos tomar una posición sobre las cuestiones sociales de la actualidad? ¿Debemos votar siempre?

Con el propósito de hallar respuesta a estas y otras cuestiones que se relacionan, echemos un vistazo histórico a nuestra posición sobre la política y el voto.

Fue unos 19 años después del chasco de 1844 y antes de que se organizara formalmente la Iglesia Adventista del Séptimo día, que varios adventistas rechazaron fuertemente el organizarse por causa de la tenaz oposición al mensaje adventista de parte de las iglesias establecidas antes de 1844.

En los primeros años de estas casi dos décadas, nuestros fundadores estaban reagrupándose y estableciendo un nuevo rumbo. Estos adventistas, que dieron comienzo a la Iglesia Adventista del Séptimo día, generalmente eran personas independientes.

Tenían que serlo. Para hacer frente al ridículo por sus esperanzas chasqueadas del regreso de Cristo, tenían que ser hombres y mujeres que defendían con valor sus convicciones –para bien o para mal. Fueron momentos de aislamiento del resto del mundo. Y se erigieron barreras en ambas partes.

Además de su aislamiento de las otras iglesias, estaba el aislamiento de los adventistas con el gobierno civil. Así como se consideraba “Babilonia” a otras iglesias, también se veía al gobierno civil con sospecha y desconfianza. Y muchas veces con buenas razones. Fue un período de corrupción política, quizás sin precedentes en ningún otro período de la historia de los Estados Unidos. Los adventistas expresaron fuerte oposición a la política y al espíritu que acompañaba, por lo general, a las campañas electorales. Estas convicciones se reflejan en los primeros artículos y editoriales que aparecieron en la Review and Herald.

Uno de los escritores, David Hewett, miembro laico firme y un pensador en la congregación de Battle Creek, hizo una pregunta en 1856, siete años antes de que se organizara oficialmente nuestra iglesia:

Mis hermanos, ¿dedicaremos nuestro tiempo a las campañas políticas,… cuando esperamos el pronto regreso de Cristo en toda la gloria de su Padre, y a todos los ángeles que vienen con él, cuando se sentará sobre el trono de su gloria? – Review and Herald, 11 de septiembre de 1856.

Urías Smith, editor de la Review, como si respondiera la pregunta –declaró en el mismo número, que la posición adventista era de “neutralidad en la política”, y con nuestro pueblo que rehúsa “tomar parte en una candidatura tan excitante como la que está ahora agitando a la nación”. Concluyó su editorial declarando:

A la pregunta, porqué no obramos con nuestros votos e influencia contra la tendencia dañina de estos tiempos, respondemos que nuestros puntos de vista de la profecía nos llevan a la concluir que las cosas no mejorarán… Y sentimos que es nuestro deber restringir nuestros esfuerzos en prepararnos, y también a otros en tanto podamos, para el gran desenlace final que ya está ante nosotros –la manifestación del Hijo [del] Hombre en los cielos, la destrucción de todos los gobiernos terrenos, el establecimiento del reino glorioso, universal y eterno del Rey de reyes, y la redención y liberación de todos sus súbditos. –Ibíd.

Se continuaron escuchando argumentos para evitar el voto. En el mismo año Roswell F. Cottrell, un ministro al oeste de Nueva York, declaró que Estados Unidos estaba “a la víspera de un contienda política” que, según creía él, “resultaría finalmente en la formación de la imagen” profetizada en Apocalipsis 13:11.

“Bajo estas circunstancias, si dejo de poner por completo mi voto”, dijo, “hablará a favor, o en contra de que se forme la imagen. Si yo voto a favor de la formación de la imagen, ayudaré a crear una abominación que perseguirá a los santos de Dios… Por el otro lado, si voto en contra de esta obra, votaré en contra del cumplimiento de la profecía… Por tanto no votaré en absoluto”. –Ibíd., 30 de octubre de 1856.

A la luz del estado trágicamente bajo de la política de Estados Unidos, sus declaraciones concluyentes son interesantes:

No puedo votar por un hombre malo, porque está en contra de mis principios; y, bajo el presente estado de política corrupta y que corrompe, no desearía elevar a un hombre bueno para que oficie, porque lo arruinará. –Ibíd.

Al año siguiente se escucharon más objeciones sobre el voto:

Si ingreso en las listas como votante, estoy de hecho apoyando este gobierno como merecedor de mi asociación. Si mi nombre ingresa en el libro de elecciones, entonces soy parte de un cuerpo político, y debo sufrir con el cuerpo político todas sus sanciones. –Ibíd., 23 de abril de 1857.

Eran las cuestiones nacionales las que estaban en juego en las situaciones descritas en los artículos mencionados. Sin embargo, una elección local en Battle Creek en 1859, desafió a los adventistas a considerar sus responsabilidades como ciudadanos en una comunidad. Fueron presionados a hacer un compromiso definitivo en el tema del voto. ¿Qué tuvieron que hacer?

E. G. de White, quien estaba presente mientras los líderes adventistas discutían esta cuestión, hizo el siguiente comentario introductorio en su diario personal:

Asistí a la reunión en la víspera. Fue una reunión bastante franca e interesante. Después de que hubo concluido, se trató y consideró el asunto del voto. Primero habló Jaime y luego lo hizo el hermano Andrews, y pensaron que lo mejor era prestar su influencia en favor de lo recto y en contra de lo incorrecto. Piensan votar por hombres temperantes para los cargos en nuestra ciudad en lugar de que por su silencio corran el riesgo de que en los cargos sean puestos hombres intemperantes. El hermano Hewett habla de su experiencia reciente y está persuadido de que es correcto que emita su voto. El hermano Hart habla a favor. El hermano Lyon se opone. Nadie más pone reparos al asunto del voto, pero el hermano Kellogg empieza a sentir que es correcto. Entre los hermanos hay sentimientos gratos. Ojalá todos puedan proceder en el temor de Dios.

Hombres intemperantes han estado hoy en la oficina expresando adulonamente su aprobación a la negativa de votar de los observadores del sábado, como también su esperanza de que se han de mantener firmes en su posición y al igual que los cuáqueros, no emitirán su voto. Satanás y sus ángeles malignos están ocupados en este tiempo, y él tiene obreros sobre la tierra. Ojalá Satanás sea chasqueado, es mi oración. –Temperancia, p. 227 (énfasis añadido).

Es notorio que E. G. de White no estaba hablando solamente sobre cuestiones de votar; estaba hablando acerca de votar por hombres. Es evidente que ella favorecía votar por “hombres temperantes” en contraste con “hombres intemperantes”.

Pero continuaba habiendo una actitud de precaución hacia el voto en general. Un año después de esta experiencia en Battle Creek, Jaime White, como editor de la Review, escribió:

La excitación política de 1860, probablemente se presentará tan pronunciadamente como lo ha sido por muchos años, y tendremos que advertir a nuestros hermanos que no se dejen arrastrar por ella. No estamos preparados para probar bíblicamente que estaría mal para un creyente en el tercer mensaje [angélico] llegar a hacer de esta actividad su profesión, y que dé su voto. No lo recomendamos ni nos oponemos. Si un hermano escoge votar, no podemos condenarlo, y nos sentimos en la misma libertar de no hacerlo.

Luego continuó expresando ciertas reservas en forma firme:

Pero creemos que quien participa del espíritu de la próxima contienda política, pierde el espíritu de la verdad presente y su propia alma está en peligro. –Review and Herald, 21 de agosto de 1860.

Es evidente que algunos adventistas votaron en esta elección. Durante los dos años siguientes Jaime White escribió:

Algunos de entre nuestro pueblo votaron plenamente en la última elección presidencial; hasta un hombre votó por Abraham Lincoln. No sabemos de ningún Adventista del Séptimo Día que tenga la menor simpatía por la secesión. –Ibíd., 12 de agosto de 1862.

Cuando Abraham Lincoln fue electo presidente, once de los estados del sur se apartaron de la unión, y Estados Unidos fue lanzado a una guerra civil. Poco tiempo después, el 21 de mayo de 1863, se organizó formalmente la Asociación General de los Adventistas del Séptimo Día. El país estaba entonces en medio de una guerra.

Sesión histórica

La tercera sesión anual de la Asociación General, que se reunió en Battle Creek el 17 de mayo de 1865, estaba destinada a hacer historia en relación con la cuestión del voto. Entre los delegados había líderes adventistas prominentes como J. N. Andrews, Urías Smith, M. E. Cornell, J. N. Loughborough, J. H. Waggoner, José Bates y I. D. Van Horn. Jaime y Elena White también estaban allí, y ambos hablaron a la asamblea de delegados. El informe de esta sesión declara que J. N. Andrews habló en una reunión a una multitud de más de 600 personas, y además que “éste es probablemente el cuerpo más grande de observadores del sábado que se reunieron en mil quinientos años”.

Un ítem importante en la sesión fue la elección de oficiales. Jaime White fue electo como presidente de la Asociación General; Urías Smith como secretario; y I. D. Van Horn, como tesorero.

Se tomaron resoluciones significativas. Una expresó pesar por el asesinato de Abraham Lincoln. Otra reafirmó la postura de no combatiente en la guerra, con un reconocimiento de la responsabilidad ante el gobierno de “tributar, honrar y reverenciar al poder civil, según manda el Nuevo Testamento”. Una tercera tenía que ver con el tema del voto. Al recordar que Jaime y Elena de White estaban presentes y participando activamente en la labor de la asociación, destacamos esta resolución:

Resuelto , que a nuestro juicio, el acto de votar cuando se ejerce en beneficio de la justicia, la humanidad y el derecho, es en sí mismo inocente, y puede a veces ser extremadamente apropiado; pero que el dar un voto que fortalezca la causa de crímenes tales como la intemperancia, la insurrección y la esclavitud, lo consideramos altamente criminal a la vista del cielo. Pero rogamos que no haya participación en el espíritu de contienda política. –Ibíd., 23 de mayo de 1865.

Esta resolución básica, junto con los consejos que lo apoyaban de la pluma de E. G. de White, continuaron siendo una guía para la iglesia por más de 100 años. Note la distinción clara que se hace entre el ejercicio del derecho a votar y la “participación en el espíritu de contienda política”. Note también las varias cuestiones sociales que se mencionan que deben ser un punto de consideración. Esta resolución fue reafirmada como la posición de nuestra iglesia al año siguiente. Y no se ha modificado desde ese día.


Declaración de principio


El hecho de que esta posición se estableciera en una fecha tan temprana de la historia de nuestra iglesia es destacable. Aquellos que ha escrito desde entonces para aclarar nuestras creencias sobre este asunto han usado esta resolución como una declaración de principios que continúa vigente.

Al escribir pocos años después, José Clarke, un laico que residía en Ohio, y frecuente contribuyente de la Review, dijo:

¿Debemos entremeternos con la política? No, si debemos mezclarnos con la multitud ruidosa y que grita los elogios del hombre pobre y enclenque que debe ser elevado al pináculo del poder. No, si debemos seguirle la corriente a los informes vociferantes y difamatorios, que llenan la atmósfera política con nubes y neblina. Pero podemos depositar nuestra elección calmadamente en la urna a favor de la libertad y calmadamente dar una razón por ello. –Ibíd., 14 de diciembre de 1876.

Al discutir sobre la campaña política que se acercaba en 1880, en una de sus últimas editoriales, Jaime White dijo:

Nosotros, como pueblo, como adventistas, tenemos ante nosotros un tema que lo absorbe todo y una tarea de la mayor importancia, razón por la cual no deben distraerse nuestras mentes…

Debe ser nuestro deber adaptarnos a nosotros mismos, en tanto sea posible, sin comprometer la verdad, a todo el que esté al alcance de nuestra influencia y al mismo tiempo sentirnos libres de contiendas y corrupciones de los partidos que están luchando por la supremacía. –Ibíd., 11 de marzo de 1880.

Al escribir desde Australia en 1898, E. G. de White enfatizó los mismos puntos:

Como pueblo, no debemos mezclarnos con asuntos políticos… no debemos unirnos en yugo con los infieles en cuestiones de política, ni establecer ninguna clase de vínculo con ellos [en sus mensajes]… Guardad en secreto el modo en que votáis. No sintáis que es vuestro deber instar a todos a hacer como hacéis vosotros. –Mensajes selectos, tomo 2, pp. 387, 388.

Un mes antes de la muerte de Jaime White, los Adventistas del Séptimo Día hicieron una reunión campestre en Des Moines, Iowa. Se propuso un voto ante los delegados que decía:

Resuelto , que expresemos nuestro más profundo interés en el movimiento de la temperancia que se está desarrollando ahora en este estado; y que instruyamos a todos nuestros ministros para que usen su influencia entre nuestras iglesias y en toda la extensión de nuestro pueblo para inducirlos a que pongan todo su esfuerzo en forma consistente, por medio de la labor personal y en las urnas, en favor de las enmiendas prohibitivas de la Constitución que los amigos de la temperancia están tratando de conseguir. –Review and Herald, 5 de julio de 1881.

Algunos no estaban de acuerdo con la cláusula que solicitaba actuar en “las urnas”, y presionaron porque se quitara. E. G. de White, que estaba asistiendo a la reunión, se había retirado durante la noche, pero se la llamó para que diera su consejo. Al escribir sobre ello en ese momento, dijo: “Me vestí y encontré que debía hablar sobre la cuestión de si nuestro pueblo debe votar por la prohibición. Les dije ‘Sí’, y hablé por veinte minutos” (Temperance, p. 255 [en inglés]).

E. G. de White nunca modificó esa posición. En un artículo escrito para la Review un año antes de su muerte, enfatizó la responsabilidad de cada ciudadano de ejercer toda influencia que esté a su alcance, incluyendo el voto, para trabajar por la temperancia y la virtud:

Al paso que de ningún modo debemos vernos envueltos en cuestiones políticas, no obstante es nuestro privilegio asumir nuestra posición decididamente en todo lo relacionado con la reforma pro temperancia....

La parálisis moral que domina a la sociedad tiene una causa. Las leyes sostienen un mal que mina sus mismos fundamentos. Muchos deploran los males que saben que existen ahora, pero se consideran libres de toda responsabilidad en el asunto. Esto no puede ser. Cada persona ejerce una influencia en la sociedad.

En nuestro favorecido país, cada votante tiene voz para determinar qué leyes regirán la nación. ¿No deben esa influencia y ese voto ser echados del lado de la temperancia y de la virtud? – Review and Herald, 15 de octubre de 1914; Temperancia, p. 225 (énfasis añadido).


Tres conclusiones


De este estudio histórico surgen tres claras conclusiones:

1. Siempre debemos votar “del lado de la temperancia y de la virtud”.

2. La decisión de votar por candidatos es una decisión personal. Si usted vota, “Guardad en secreto el modo en que votáis. No sintáis que es vuestro deber instar a todos a hacer como hacéis vosotros”.

3. Debemos estar libres de contiendas políticas y corrupción.

Quizás una posdata sorpresa sobre el voto es que la Décimo Novena Enmienda a la Constitución de los Estados Unidos, que da a las mujeres el derecho de votar, no se acordó hasta 1920, cinco años después de la muerte de E. G. de White. Simplemente declaraba: “El derecho de los ciudadanos de los Estados Unidos a votar no debe ser negado o impedido por los Estados Unidos o por ningún Estado por causa del sexo”.

Algunos Estados concedieron a la mujer en forma temprana, un sufragio parcial. Colorado lo hizo en 1894 y California en 1911. Pero mucho antes de esto, E. G. de White evidentemente anticipó un desenlace tal cuando escribió en 1875:

Se especula en cuanto a los derechos y responsabilidades de la mujer en relación con el voto. Muchas no están entrenadas para comprender la carga de de las cuestiones importantes. Han vivido vidas de gratificación presente por causa de la moda. Las mujeres que deben desarrollar buenos intelectos y tienen verdadero valor moral son ahora meras esclavas de la moda… Tales mujeres no están preparadas para que asuman en forma inteligente una posición prominente en cuestiones políticas… Dejen que cambie el estado de estas cosas. –Testimonies for the Church [Testimonios para la iglesia], vol. 3, p. 565.

De esta declaración podemos concluir apropiadamente que (1) es inapropiado para las mujeres (y los hombres) asumir sus “responsabilidades” en “relación con el voto” a menos que hayan sido “entrenadas para comprender la carga de de las cuestiones importantes”; (2) tal comprensión se debe adquirir.
Fuente: Contestandotupregunta.org
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