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¿Por qué Juan no quería Bautizar a Jesús?

U na de las recompensas del ministerio pastoral más satisfactorias para mí es ver las reacciones, las expresiones de júbilo en el rostro y las exclamaciones de alabanza a Dios, de parte de las personas con quienes estudio la Biblia regularmente, cuando encuentran en la Biblia verdades que ellos no sabían o no sospechaban poder encontrar en ella.

Mientras estudiábamos todo lo referente al nuevo nacimiento con Fernando, uno de mis estudiantes de la Biblia, llegamos a considerar el pasaje de la Escritura en San Mateo 3:13-17, en el que se relata el incidente del bautismo de Jesús. El verso 13 dice: “Entonces Jesús vino de Galilea a Juan al Jordán, para ser bautizado por él”. Yo estaba listo para leer el siguiente versículo, cuando Fernando me interrumpió.

—Un momento —me dijo—. ¿Está diciendo la Biblia aquí que Jesús vino desde Galilea hasta donde estaba Juan para ser bautizado?
—Eso es correcto —le respondí.
—Yo creía que Jesús fue traído en brazos por sus padres, José y María, para que fuera bautizado cuando todavía era un bebé —continuó Fernando—. Entonces, ¿a qué edad fue bautizado Jesús? —preguntó una vez más.
Fernando acababa de hacer un descubrimiento importante.
—No se preocupe, Fernando —le dije—. En este estudio usted tendrá claro todo lo referente al bautismo de Jesús: cómo fue bautizado, a qué edad lo fue, lo que simboliza el bautismo y lo que Dios quiere que nosotros hagamos.

Por haber crecido dentro de un hogar católico, tanto Fernando como el que escribe aprendimos la práctica del bautismo de infantes. Y no solamente se nos enseñó tal cosa, sino que también fuimos bautizados cuando éramos recién nacidos con un bautismo que en nada se parece al de Jesús. El estudio con Fernando permitió clarificar cinco puntos referentes al bautismo, un tema que Fernando pensaba que tenía claro en su mente.

1. Jesús no fue bautizado cuando era niño.

San Lucas 2:22 nos enseña que cuando Jesús era recién nacido, José y María lo trajeron al templo para presentarlo al Señor. Según el Antiguo Testamento, los hijos —especialmente los primogénitos— eran un regalo de Dios (ver Éxodo 13:2), de manera que se esperaba que los padres trajeran a sus hijos recién nacidos al templo para que el sacerdote pudiera elevar una oración de agradecimiento a Dios por el nuevo bebé y por consiguiente tener su bendición. Los padres traían también una ofrenda de agradecimiento a Dios, “para ofrecer conforme a lo que se dice en la ley del Señor” (S. Lucas 2:24).

El sacerdote levantaba con sus dos manos al bebé hacia el cielo y lo consagraba al Señor, y a este acto le llamaban “presentación” del bebé o hijo. Como podemos ver, Jesús no fue bautizado en ese momento, sino que fue presentado al Señor.

El Evangelio de San Lucas en el capítulo 3, versículo 23, nos da una clave para saber más o menos la edad que tenía Jesús cuando fue bautizado. Leamos: “Jesús mismo al comenzar su ministerio era como de treinta años”. Si entendemos que inmediatamente después que Jesús fue bautizado comenzó su ministerio en esta tierra, podemos decir con libertad y conforme a las Escrituras que Jesús fue bautizado a la edad de treinta años.
 


2. El bautismo es para el perdón de los pecados.

San Mateo 3:14, el verso que estaba por leer cuando Fernando me interrumpió, dice que Juan el Bautista no quería bautizar a Jesús. Si usted tiene una Biblia a la mano, le animo a que busque este texto y compruebe por usted mismo. “Mas Juan se le oponía, diciendo: Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí?” ¿Qué estaba pasando con Juan el Bautista? ¿Acaso no era un privilegio extraordinario bautizar al Hijo de Dios? Pero parecía que Juan no quería tenerlo.

Por mucho tiempo me pregunté por qué Juan no quería bautizar a Jesús. No podía comprenderlo enteramente hasta que al leer otro pasaje de la Biblia comprendí que este acto no habría concordado con el significado del bautismo. La razón es sencilla. Yo no la conocía, mas Juan el Bautista la conocía perfectamente bien.

Leamos un verso en el libro de Hechos que nos dice cuál es la razón por la que todos debemos bautizarnos. Una vez más lo invito a tomar su Biblia y descubrir en este pasaje de la Escritura la razón por la cual Juan no quería bautizar a Jesús. Leamos: “Pedro les dijo: Arrepentíos y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo” (Hechos 2:38). ¿Se da cuenta? ¿Entiende ahora la razón? Analicemos el texto juntos. Aquí se mencionan dos razones por las que todos los seres humanos debemos bautizarnos como Jesús fue bautizado.

La primera razón es que por el bautismo recibimos —gracias a Jesús— el perdón de nuestros pecados. La segunda es que el bautismo nos prepara para recibir el don o el poder del Espíritu Santo. Si usted hubiera estado en el lugar de Juan, probablemente habría concluido lo mismo que él. Juan el Bautista razonaba que si el bautismo es para el perdón de los pecados, Jesús no debía ni necesitaba bautizarse porque él no tenía pecados para ser perdonados. Juan el Bautista estaba en lo correcto, porque Hebreos 4:15 dice que Jesús fue tentado en todo, pero sin cometer pecado. Es algo maravilloso saber que la Biblia dice que por medio del bautismo recibimos el perdón de nuestros pecados y la ayuda del Espíritu Santo.

Entonces la conclusión de Juan el Bautista era: Yo sí tengo pecados, he cometido muchos; por lo tanto yo sí necesito ser bautizado por Jesús. Mientras Juan razonaba de esa manera, Jesús lo interrumpió y le dijo: “Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia” (S. Mateo 3:15). Era necesario que Jesús fuera bautizado. Él no necesitaba ser bautizado, pero lo hizo para darnos ejemplo.

Notemos también que Jesús no necesitaba recibir el don del Espíritu Santo. Sin embargo el Espíritu descendió sobre él en el momento de su bautismo en forma visible, para que nosotros tengamos la seguridad de que cuando uno de nosotros es bautizado, el Espíritu Santo cumplirá su promesa. Eran estas dos razones para la renuencia de Juan. El bautismo busca el perdón de los pecados, que Jesús no necesitaba, y trae consigo el don del Espíritu Santo. Esto hizo que Juan se negara inicialmente a bautizar a Jesús.


3. Cuando Jesús fue bautizado, fue sumergido en las aguas del río Jordán.

San Mateo 3:16 dice que “Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua” (énfasis agregado). Esto indica que había estado debajo del agua. La Biblia no dice que después que Jesús fue bautizado le corrió el agua por la cabeza y las mejillas; dice que Jesús subió del agua.

San Juan 3:23 añade que Juan bautizaba “junto a Salim”, porque había allí “muchas aguas”. Jesús vino al río Jordán. Yo personalmente me preguntaba por qué tuvo que venir a un lugar de aguas profundas si solo se necesitaba un poquito de agua derramada sobre la cabeza para ser bautizado. No; Jesús no fue bautizado como yo lo fui de niño. Jesús fue sumergido completamente en las aguas del río Jordán y esto también tiene una razón.

Cuando el apóstol Pablo en su carta a los Romanos explicó el simbolismo del bautismo, nos aclaró aun más por qué Jesús fue sepultado en las aguas del rio Jordán al momento de su bautismo. En Romanos 6:1-3 el apóstol dice que todos los que han sido bautizados en Jesús han sido bautizados en su muerte. “Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva” (vers. 4).

No perdamos el concepto. El apóstol Pablo dice que cuando un ministro del evangelio sumerge a la persona en la fuente bautismal, el acto del bautismo representa la muerte de Jesús. Y cuando la saca del agua, esto representa la resurrección de Jesús. El apóstol Pablo añade que ahora la persona ha de “andar en vida nueva”. Es decir, para vivir y servir a Jesús y obedecer sus mandamientos.


4. Para ser bautizado es necesario creer en Jesús.

San Marcos 16:16 dice: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo”. Obviamente, un bebe recién nacido no tiene suficiente entendimiento para creer en Jesús y aceptarlo.


5. Jesús hizo lo que complace a su Padre.

La segunda parte del verso 16 del capítulo 3 de San Mateo dice que al subir Jesús del agua, después que fue bautizado, “los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él”. El versículo 17 completa el cuadro y dice que se oyó la voz de Dios que dijo: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia”.

¡Qué maravilla! En el momento del bautismo de Jesús se manifestaron las tres personas de la Divinidad. El Hijo estaba siendo bautizado, el Espíritu Santo descendió del cielo en forma de paloma, y el Padre habló desde los cielos, manifestando su complacencia por lo que Jesús, su Hijo amado, acababa de hacer. Había sido bautizado aunque no tenía pecados que necesitaran ser perdonados, y estaba en armonía con el Espíritu Santo para salvar a la humanidad. Su bautismo era un ejemplo para nosotros y marcaba la inauguración de su ministerio sobre la tierra.

No hay cosa mas feliz para el Señor que ver a sus hijos haciendo lo que a él le complace. ¿No es eso lo que la Biblia dice en San Lucas 15:7? Ser bautizado es la primera muestra visible de que usted y yo obedecemos al Señor. Es el testimonio público de la entrega de nuestro ser completo a Jesús. Si usted ha sido bautizado como Jesús lo fue, quiero decirle que los cielos fueron abiertos, descendió el Espíritu Santo y Dios pronunció la frase: “Este es mi hijo-hija, en quien tengo complacencia”.

Si usted aún no ha sido bautizado, cuente con que una experiencia similar a la de Jesús se repetirá en su caso. Es casi seguro que no escuchará la voz audible de Dios, pero eso no significa que él no sienta complacencia por su decisión, o que el Espíritu Santo no haya de descender sobre su vida.

Estimado lector: ¿Quiere usted hacer lo que complace a nuestro Padre celestial? ¿Desea ser bautizado como lo fue Jesús? Llame al ministro autorizado de su iglesia y haga los preparativos necesarios para ese momento especial. Dígale que usted quiere ser bautizado de la manera en que Jesús fue bautizado.

Preparen una comida especial en ese día para festejar el nacimiento de una nueva criatura. Si hay gozo en el cielo cuando un pecador se arrepiente, ¿cómo no habrá de sentir alegría la iglesia cuando alguien es bautizado?

El autor es un ministro cristiano y coordina el ministerio a la comunidad hispana en el Estado de Wisconsin.

Fuente: El Centinela

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