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Salud Plena

por Miguel A. Valdivia
L a modernidad, con todas sus conveniencias, parece estar creando nuevos tipos de enfermedades. La falta de ejercicio, el procesamiento de alimentos y el uso de innumerables sustancias químicas, combinados con la falta de sueño y el aumento del estrés cotidiano, atentan contra el bienestar básico de muchísimas personas.

La medicina produce milagros extraordinarios con la ayuda de la tecnología y la farmacología, pero muy a menudo comete la omisión de tratar al paciente como un organismo unidimensional, y dice muy poco sobre la nutrición, el estilo de vida o el equilibrio mental y emocional del individuo. Se tratan los síntomas y se descuida el bienestar total de la persona. Por eso tantas personas se quejan de sentirse “mal”: cansadas, faltas de energía, adoloridas de una cosa u otra, o deprimidas.

Este malestar general que a tantos afecta no puede curarse con una pastilla tres veces al día, sino que requiere cambios en todas las áreas de la vida. Felizmente, es posible analizar los principios fundamentales que producen la buena salud. Veamos algunos:

  1. Atienda sus necesidades emocionales. La manera en que pensamos es el aspecto más importante en la salud.
  2. Respire bien. Llene todo su tórax en periodos de respiración profunda. 
  3. Tome bastante agua. Se sugiere tomar la mitad del peso corporal en libras, en onzas de agua pura. Por ejemplo, si usted pesa 180 libras, debiera tomar 90 onzas líquidas de agua (unos diez vasos). 
  4. Coma de acuerdo con su tipo metabólico. Seleccione alimentos integrales o enteros, no procesados, orgánicos si es posible. 
  5. Acuéstese temprano. Conviene acostarse tan pronto pueda después que se haga de noche. Las horas de la noche son para dormir. 
  6. Haga ejercicio todos los días. Nuestro cuerpo necesita actividad física para estar saludable. 
  7. Aminore su ritmo de actividades. Tome tiempo para disfrutar de la compañía de otras personas. Salga de la ciudad. Disfrute de alimentos preparados sin apuros.1

Otra lista similar, conocida desde el siglo XIX, propone ocho remedios naturales: el sol, el aire puro, el agua (por dentro y por fuera), el reposo, la temperancia, la buena alimentación y la confianza en Dios. Comentemos los últimos tres:

La temperancia. Se refiere a abstenerse de sustancias dañinas, incluyendo el tabaco, las drogas, el alcohol. También incluye el principio de usar con moderación aquello que es bueno. Las dietas que limitan la variedad de los alimentos generalmente son perjudiciales. Todos hemos escuchado sobre los ayunos de limonada, piña o jugo de piña o las dietas ricas en proteína como la Atkins o Southbeach.

La buena alimentación. Conviene comer una dieta balanceada, con alimentos de los tres grupos principales: frutas, proteínas y carbohidratos. Evitar el exceso de grasa y de azúcar. El Departamento de Agricultura de los Estados Unidos ofrece los siguientes consejos generales:2

Consuma la mitad de los alimentos en granos integrales.
Varíe las verduras.
Enfatice el consumo de frutas.
Coma alimentos ricos en calcio.
Escoja proteínas bajas en grasas
Encuentre el equilibrio entre lo que come y su actividad física.

La confianza en Dios. Este remedio natural es ignorado por muchos expertos en la salud, y puede ser un elemento importante en la obtención del bienestar general. Incluso muchos creyentes separan las áreas de la salud espiritual de la física, y descuidan la estrecha conexión entre ambas. En primer lugar, conviene considerar que Dios mismo se interesa en nuestra salud total. El apóstol Juan escribió: “Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma” (3 Juan 2).

¿De qué concepto de salud se está hablando? Aunque algunos dicen que salud se refiere a la ausencia de enfermedades, este versículo menciona el concepto de la prosperidad, por lo tanto se trata de algo más que ausencia de enfermedades. Se refiere a estar bien, a vivir en prosperidad física, mental y espiritual.

Según la Biblia, nuestro cuerpo es “templo del Espíritu Santo” (1 Corintios 6:19); por lo tanto, no debe ser contaminado por hábitos que lo enferman. Tenemos el deber de hacer todo lo que podamos para mantener nuestro cuerpo en la mejor condición; lo que implica que debiéramos esforzarnos por aprender acerca de las leyes de la salud y la manera en que el cuerpo funciona.
 

El hombre es una unidad indivisible

El apóstol Pablo expresó otro concepto bíblico importante: “Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo” (1 Tesalonicenses 5:23).

La Biblia enseña la unidad indivisible de lo físico, lo mental y lo espiritual del ser humano. Dios no deja fuera ninguno de estas áreas cuando se trata de bendecirnos y santificarnos. Esto implica que la interacción entre estas áreas de la vida es sumamente importante, y muchos de los males actuales se deben a algún problema relacionado con esta interacción.

He aquí un ejemplo: el insomnio. Las dificultades para dormir pueden deberse a múltiples factores físicos, mentales o espirituales. Las personas con trabajos sedentarios que no realizan suficiente actividad física, a menudo duermen mal y esto les causa malestares físicos y mentales. Uno de los mejores antídotos contra el insomnio es el ejercicio físico. Pero a veces el insomnio puede deberse a los sentimientos de culpa o a los resentimientos albergados profundamente en el corazón.


Otro problema bastante común es la falta de energía. Muchas personas, que gozan de una salud bastante buena, se sienten cansadas casi siempre y se fatigan fácilmente. En este caso se recomienda practicar más ejercicio, ya sea correr, andar en bicicleta, practicar la calistenia o caminar. Una causa espiritual podría ser la falta de propósito o hastío.

La Biblia también nos da un consejo de importancia vital respecto de la salud mental. “Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad” (Filipenses 4:8). Aquí se nos recomienda ejercitar la mente en buenos pensamientos, a buscar y apreciar aquello que calma nuestra mente y eleva nuestro espíritu.

Debemos rodearnos de personas y elementos positivos. También cuidemos lo que entra a nuestra mente por medio de la lectura y los medios de comunicación, incluyendo la Internet. Hoy sabemos que hay una relación entre la salud mental y el bienestar físico.

Muchas enfermedades mentales pueden deberse a atropellos o desequilibrios en las áreas emocionales o espirituales de la vida humana. Los grandes conceptos bíblicos del amor incondicional y el perdón de Dios pueden ser muy útiles en el tratamiento de muchos males.

Podemos y debemos pedirle a Dios que renueve nuestras fuerzas, pero no olvidemos que sus bendiciones deben alcanzar todo lo que somos. Vivir de una manera que favorece ciertos aspectos de la vida y descuida otros, no guarda coherencia con el plan de Dios.

Hay una expresión norteamericana cuyo sentido se traduce bien a cualquier idioma: Use it or lose it. “Úselo o piérdalo”. Su sabiduría es innegable en cualquier área de la vida. La mente, el cuerpo y el espíritu pueden atrofiarse si no se los ejercita o cultiva. Dios desea que nuestro ser sea un instrumento santificado a través del cual lo servimos a él y a nuestros semejantes.


Fuente: El Centinela

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2 comentarios:

roy bournissen dijo...

Muy interesante el artículo. Me gusto especialmente la parte de la temperancia, ya que recientemente realizamos con una compañera un estudio científico acerca de cómo el ejercicio físico forma parte de la temperancia, lo que compone un equilibrio físico, social, mental y espiritual, en todas las áreas, y como tener un todo saludable nos prepara para recibir a Cristo en nuestra vida.
A través de la investigación vimos que el ejercicio también forma parte de la temperancia y que por lo tanto es parte del proceso para conectarnos con Dios. Elena G. de White en sus escritos nos dice que los músculos deben ser ejercitados, y que al realizar actividad física, debemos tener como objetivo despejar nuestra mente y prepararla para estar más dispuestos a la recepción del Espíritu Santo, y no se debe realizar para verso o sentirse bien, sino que se debe eliminar toda complacencia propia.

Anónimo dijo...

Hola mi nombre es Victoria, me gusto el articulo leído, ya que habla acerca de la combinación entre la salud y la temperancia. Me llamo la atención porque yo investigue con un compañero sobre como el ejercicio se relaciona con la temperancia, pudimos llegar a la conclusión de que la población adventista en la que vivo no lo realiza por temperancia sino por satisfacción personal y salud.Creemos que debe ser así debido a los consejos de Elena G de White.

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