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Me Duele el Adventismo

Por: Pr. Jónatan Dolcet
Me está doliendo el adventismo, por momentos. Y creo que no soy el único a quien le duele el adventismo. Pero, ¿porqué debería dolernos el adventismo, en el sentido d e preocuparnos por él como nos preocupamos, por ejemplo, de nuestra salud? La pregunta es fácil de contestar, si respondemos correctamente a esta pregunta: ¿Le importa a Dios el adventismo?
En esta sociedad (¿y en esta iglesia adventista?), donde el relativismo acampa a sus anchas es difícil contestar afirmativamente a esta pregunta sin recibir alguna que otra crítica, y no precisamente demasiado constructiva. Uno se pregunta, ¿por qué? La respuesta es sencilla: Por que no nos duele el “adventismo” como le “duele” a Dios...

Si, si, ya sé que a Dios le duele la injusticia de toda clase: la inmoralidad de toda clase, el cohecho, el orgullo, la vanidad, la mentira, la desobediencia, la falta de amor, el egoísmo, la falta de compromiso, pero también le duele el adventismo, porque le duele ver como su pueblo cae presa de la injusticia (léase lo contrario de justicia), y también del relativismo (léase todo depende del ojo con que se mira y de quien lo interpreta y según las circunstancias y si realmente me interesa, obviando o relativizando descaradamente los escritos inspirados).

La Escritura dice que Dios sufría con su pueblo. Y sufría por ver como se incapacitaban para realizar su voluntad y su propósito para con ellos, porque se iban tras la injusticia después de haber sido seducidos y atrapados por el relativismo. Y la misma Escritura neotestamentaria (NT) nos dice que también su fre por su pueblo hoy (Apocalipsis 3:12). Dios sufre nuestra autosuficiencia, nuestro criterio social cuando a menudo se pasa por el forro el criterio bíblico, nuestra incoherencia exegética a la hora de interpretar ciertos pasajes para hacerles decir lo que realmente no están diciendo en aras de promover el “buen rollito”, nuestro relativismo en cuanto al surgimiento profético del adventismo y su verdadera misión en este tiempo del fin, sufre nuestra miseria, sufre nuestra demora, sufre nuestra ausencia de adventismo…

Por un lado, sufre la insensatez de aquellos que son “más buenos que Dios” (¿puedo ser yo, he sido yo, seré yo?). Pero, ¿es posible ser más bueno que Dios? No, porque “bueno sólo hay uno: Dios” (Mateo ). ¿Entonces? Es que hay personas que pretenden ser más buenas que Dios. Las hay en todas las iglesias y siempre están dispuestos a interpretar las Escrituras según su “bondadosa” visión, porque, claro, la visión ortodoxa de ciertas cosas es totalmente relativa, generalmente cuando se tratan casos delicados y no tan delicados de disciplina.

Por otro lado, El Señor tiene que sufrir la insensatez de aquellos que son “más inteligentes que Dios” (¿me ha pasado, me pasa o me pasará a mi?), cosa que evidentemente es imposible. Pero, algunos como creen a pies juntillas que para Dios todo es posible, entonces llegan a pensar que es posible saber más que él, porque se aventuran a vaticinar cosas que la Palabra parece estar diciendo, pero no dice. No faltan las interpretaciones proféticas y teológico-doctrinales fantásticas, y el repaso histórico del devenir de ciertas doctrinas, eso si, siempre para aclarar las cosas y la verdad, porque a ellos “verdaderamente” si les duele el adventismo.

Pero la realidad es que lo que realmente les duele a unos y a otros, a los lights y a los hards, a los liberales y a los conservadores, a los que son más buenos y a los que son más inteligentes, es el ego.

A mi, al igual que a ti, también me ha dolido el ego y el adventismo en alguna ocasión cuando alguien, humano y cristiano como yo, me ha impuesto sus criterios y así me herido con sus razones. A mi, al igual que a ti, también me ha dolido el ego cuando he sido víctima de la ofensiva de aquellos que son más buenos y más inteligentes que Dios. A mi, al igual que a ti, y al igual que a Dios, también me duele el adventismo que pierde su no rte porque olvida su principal razón de ser y existir (ver Mateo 24:14; Cf. 2ª Pedro 3:12).

Pero lo que más me duele es comprobar que seguimos sin aprender la lección. Seguimos luchando y batallando contra todo lo que se opone a mi manera de pensar, cuando lo más honesto, sería realizar un ejercicio de sincera humildad para luchar y batallar por crecer en amor y santidad.

Nos duele tanto el ego que no permitimos que nada ni nadie se interponga a mis planes y visiones, y cuando alguien se atreve a hacerlo, entonces mi ego se resiente y se opone al desgraciado que ha osado pensar diferente que yo. El ego dolorido empieza a gestar el rencor. La única solución a esa horrible gestación es abortar el rencor, y cuanto antes mejor. Que pena que sin darnos cuenta (¿?), alimentamos el rencor y lo parimos en forma de literatura rencorosa, sermones rencorosos, juntas rencorosas, blogs del rencor… y el adventismo sufre porque nos dañamos a nosotros mismos y al Señor.

Cuando te duela el ego, recuerda que hubo alguien al que le dolió antes. Uno que siendo realmente mártir, no fue de mártir por la vida. Uno que en lugar de imponer su visión correcta de la fe, la compartió, muchas veces con alegría, y otras pocas veces con tristeza. Cuando te duela el ego recuerda que el único capaz de no equivocarse en su juicio fue Jesús, y por tanto, recuerda que tus apreciaciones y valoraciones personales y subjetivas sobre una determinada cuestión personal, o doctrinal, no deben llevarte a desprestigiar y a calumniar, sino a meditar si en realidad te duele el adventismo como a Dios le duele, o si por el contrario lo que te está doliendo realmente no es otra cosa que el ego.

Fuente: PCJovenes
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Nos encanta escribir y informar a las personas de nuestra comunidad cristiana-adventista sobre lo que esta pasando en nuestra iglesia, ademas de tambien dar recursos para el crecimiento espiritual de nuestros lectores. Esperamos que la informacion que compartimos en este blog, sea de bendicion para todos ustedes. -Todo Adventista Techs

1 comentario:

Willy Grossklaus dijo...

En realidad no nos debería "doler" el adventismo sino los "adventistas", que llamándose así no lo son de verdad. Lo malo es la incoherencia humana y la flojera de los que debieran ser ejemplo. Buen post de todas maneras, pero creo que vale la pena mencionar que Dios ya tiene el analgésico para este dolor y cualquiera otro.
Bendiciones
Willy

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