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La Actitud Correcta en el Pulpito

El ministro del evangelio, que es un colaborador de Dios, aprenderá diariamente en la escuela de Cristo... De sus labios no saldrá ninguna palabra liviana o trivial; pues, ¿no es él un embajador de Cristo, que lleva un mensaje divino a las almas que perecen? Toda broma y chanza, toda ligereza y frivolidad, es dolorosa para el discípulo que lleva la cruz de Cristo (Ev 154).

Una conversación de sabor celestial

Toda ligereza y trivialidad están positivamente prohibidas en la Palabra de Dios. Su conversación debe ser de sabor celestial, sazonada con gracia (2T 338).

Un ejemplo digno para la juventud

Los predicadores deben dar a los jóvenes un ejemplo digno, que corresponda a su santa vocación. . . Han de poner a un lado toda grosería, toda trivialidad, recordando siempre que son educadores; que, quieran o no, sus palabras y hechos son para aquellos con quienes estén en contacto, un sabor de vida, o de muerte (OE 132, 133).

El decoro en el púlpito sagrado

¿Qué puede hacer un pastor sin Jesús? Nada, por cierto. De manera que si es un hombre frívolo, chistoso, no está preparado para desempeñar la tarea que el Señor le asignó. "Separados de mí -dice Cristo-, nada podéis hacer". Las palabras impertinentes que salen de sus labios, las anécdotas frívolas, las palabras habladas para producir risa, son todas condenadas por la Palabra de Dios, y están totalmente fuera de lugar, en el púlpito sagrado (TM 142, 143).

No se deben usar expresiones bajas

El predicador debe estar libre de toda perplejidad temporal innecesaria, para poder entregarse por completo a su vocación sagrada. Debe dedicar mucho tiempo a la oración, y disciplinarse según la voluntad de Dios, a fin de que su vida ponga de manifiesto los frutos del dominio propio. Su lenguaje debe ser correcto; sin que salgan de sus labios frases chabacanas, ni expresiones bajas (OE 152).

En Lugar de Cristo
Nunca los ministros serán demasiado cautelosos, especialmente delante de los jóvenes. No deben mostrar ligereza de palabras, ni usar bromas o chistes, sino recordar que están en lugar de Cristo que deben ilustrar por su ejemplo la, vida de Cristo (1T 380, 381).

No deben usarse bromas en el púlpito

El pastor que está listo a participar en conversaciones frívolas, listo a bromear y reír, no comprende la obligación sagrada que descansa sobre él, y si va a hacer uso de esa práctica desde el púlpito, el Señor no puede estar a su lado para bendecirlo... Los sermones floridos, no serán suficientes para alimentar el alma de los hijos famélicos de Dios (RH 23-6-1891).

Sermones sazonados con gracia

Eliminen los pastores los chistes y las bromas de su conversaciones pero que sus sermones sean sazonados con gracia, que la luz y el amor de Jesús brillen por medio de su ejemplo y precepto, para que, se pueden: ganar almas para el Maestro (RH 5.74-1892).

Una profanación del evangelio

Algunos de los que se presentan en el púlpito, avergüenzan a los mensajeros celestiales que se hallan en el auditorio. El precioso evangelio, que ha costado tanto traer al mundo., es profanado. El lenguaje es común y barato; hay actitudes y muecas grotescas. Algunos hablan en forma muy rápida; otros tienen una enunciación pesada y confusa (TM 339).

Expresiones comunes de hechura humana
Los mensajes de verdad, han de mantenerse enteramente libres de las palabras vulgares y comunes. Así, se harán fuertes impresiones sobre el corazón. No alberguen nuestros ministros la idea, de que deben presentar algo nuevo y extraño, o que las expresiones vulgares y comunes les darán gran influencia. Los pastores han de ser portavoces de Dios, y deben erradicar de su discurso, toda expresión que sea vulgar o común. Sean cuidadosos, no sea que por intentar hacer reír duran te su discurso, deshonren a Dios.
Nuestro mensaje es solemne y sagrado, y debemos velar en oración. Las palabras pronunciadas deben ser de tal carácter que por medio de ellas, Dios pueda hacer una impresión sobre el corazón y la mente. Santifíquense por medio de la verdad, los ministros del Evangelio (Ev 157).

En terreno del enemigo

Tan pronto como el predicador se sale de la posición que un ministro debe ocupar siempre, y desciende a la comicidad para provocar risa sobre su oponente, o cuando es sarcástico y agudo y se mofa de él, hace lo que el Salvador del mundo no se atreve a hacer; porque se coloca en terreno del enemigo (3T220).

Alimento puro, libre de paja

La predicación de la Palabra debe apelar al intelecto, e impartir conocimiento, pero debe hacer todavía más. Las palabras del pastor deben alcanzar el corazón de los oyentes. El objetivo de la predicación no es entretener. Algunos ministros han adoptado un estilo de predicación que no ejerce la mejor influencia. Han llegado a adquirir el hábito de intercalar anécdotas en sus discursos. La impresión así hecha sobre los oyentes, no es un sabor de vida para vida. Los ministros no deben incluir relatos divertidos en su predicación. La gente necesita alimento puro, completamente libre de paja. "Predica la Palabra" fue el encargo que Pablo le dio a Timoteo, y ésta es también nuestra comisión.
El pastor que mezcla cuentos en sus discursos, está usando fuego extraño. Cuando los representantes de Dios descienden a usar palabras vulgares y frívolas, Dios queda ofendido, y la causa de la verdad queda deshonrada.
Mis hermanos, nuestro Salvador requiere que presten atención, a cómo testifican para él. Es necesario que profundicen cada vez más en el estudio de la Palabra. Ustedes se encuentran con muchos diferentes intelectos, y cuando enseñan las verdades de la sagrada Palabra, deben manifestar fervor, respeto y reverencia. Eliminen los cuentos de sus sermones, y prediquen la Palabra. Así tendrán más gavillas para llevar al Maestro. Recuerden que en su auditorio, hay personas que están constantemente acechadas por la tentación. Algunos luchan con dudas, y se sienten casi desesperados, casi desahuciados. Pidan a Dios que los ayude a hablar palabras, que fortalezcan a sus oyentes para el conflicto (RH 22-2-1904).

Las anécdotas irrespetuosas
Los predicadores no deben acostumbrarse a relatar anécdotas irrespetuosas en conexión con sus sermones; porque esto resta fuerza a la verdad presentada. El relato de anécdotas e incidentes que hacen reír, o provocan un pensamiento ligero en la mente de los oyentes, es severamente censurable. La verdad debe revestirse de un lenguaje casto y digno; y las ilustraciones empleadas deben ser de igual carácter (OE 175).

Las ilustraciones cómicas

El ministro del evangelio no debe ser indiferente a su actitud. Si es representante de Cristo, su comportamiento, su actitud y sus gestos deben ser de tal clase, que no dejen: impresiones de disgusto en el espectador. Los pastores deben poseer refinamiento. Deben evitar todos los modales, actitudes y gestos incultos, y estimular en ellos mismos un porte humilde y digno. Deben vestir de acuerdo a la dignidad de su posición. Su discurso debe ser solemne y bien escogido, en todo respecto. Me fue mostrado, que es incorrecto hacer uso de expresiones vulgares e irreverentes, relatar anécdotas para divertir, o presentar ilustraciones cómicas para provocar carcajadas. El sarcasmo y jugar con las palabras de un oponente, están completamente fuera de orden con Dios (T 648, 649).

Relatos para divertir

Mi hermano, usted necesita examinar más detalladamente, los discursos que presenta a la gente. El objetivo de su labor ministerial no es divertir. Tampoco es solamente transmitir información, ni sólo convencer el intelecto. La predicación de la Palabra debe apelar al intelecto e impartir conocimiento, pero abarca mucho más. El corazón del ministro debe alcanzar los corazones de los oyentes. Algunos han adoptado un estilo de predicación que no ejerce una influencia correcta. Han adquirido el hábito de vulgarizar sus sermones mediante relatos de anécdotas. La impresión hecha así los oyentes no es un sabor de vida para vida. Usted no debe introducir relatos para entretener en sus sermones. La gente necesita alimento puro, aventado completamente de todo lo que no sea alimenticio. "Predica la Palabra", fue el encargo que Pablo dio a y ésta es vuestra comisión (Carta 61, 1896).

El púlpito no es para payaserías

Lo amonesto contra las payasadas en el púlpito, o delante de la gente. ¿No lleva a veces esta actuación al sagrado púlpito? Usted agrada al mundo; atrae al mundo. ¿Es esto evidencia de que tiene una profunda devoción espiritual, santificada para Dios mediante el Espíritu? (Carta 9, 1889).



Reacciones del público ante la oratoria de Ellen G. White

Robert A. Ware: Sus sermones eran siempre ocasiones solemnes, y siempre me tocaba el corazón. Nunca, en las muchas ocasiones que la escuché, hubo un motivo de risa, como sucede ahora tan a menudo en los sermones. Mi esposa se impresionó por la manera en que ella pronunciaba el nombre de Jesús, en un tono más suave y dulce de voz.
(Págs. 536, 537)

El comportamiento

Los predicadores no están facultados para actuar en el púlpito como actores de teatro, al asumir actitudes y hacer gestos meramente por el efecto que ellos causan. No son actores, sino maestros de la verdad. Las gesticulaciones carentes de dignidad y exageradas no le dan fuerza a la verdad que se presenta; por el contrario, desagradan a los hombres y mujeres de juicio tranquilo y opiniones rectas.

El uso del púlpito

Nunca se debiera usar el púlpito para conseguir fines. No coincide con la verdadera dignidad del ministerio usar el púlpito para fustigar a los que discrepan con el pastor, para oponerse a ellos o sermonearlos. Tampoco se lo debiera rebajar con chistes y bromas.
(Manual Para Ministros, págs. 60, 61)

“¡A la Ley y al testimonio! Si no dijeren conforme á esto, es porque no les ha amanecido.” (Isa. 8: 20)



El éxito no depende del despliegue de recursos exteriores

Algunos ministros cometen el error de suponer que el éxito depende de atraer una gran congregación por la ostentación externa, y de dar luego el mensaje de verdad de una manera teatral. Pero esto es emplear fuego común en vez del fuego sagrado encendido por Dios mismo. El Señor no queda glorificado por esta manera de trabajar…
(Obreros Evangélicos, pág. 397. 1915) El Evangelismo, pág. 104



Dramatizaciones y Teatro En La Iglesia

Evítense los despliegues teatrales

Tengo un mensaje para los que están a cargo de la obra. No instéis a los hombres que se ocupan de esta obra a pensar que deben proclamar el mensaje solemne y sagrado con un estilo teatral. No hay que poner en nuestra obra ni la mínima partícula de nada que sea extravagante. La causa de Dios debe tener un molde sagrado y celestial. Lleve la impronta divina todo lo que se relaciona con la predicación del mensaje para este tiempo. No se permita nada de naturaleza extravagante, porque esto echaría a perder la santidad de la obra.
Se me ha dicho que encontraremos toda clase de experiencias y que los hombres procurarán introducir prácticas extrañas en la obra de Dios. Hemos encontrado estas cosas en muchos lugares. Desde el comienzo de mis actividades en la iglesia se me dijo que había que desanimar y prohibir toda clase de actuaciones teatrales en relación con la proclamación de la verdad presente. Personas que pensaban que tenían una obra maravillosa que debían llevar a cabo procuraban adoptar un comportamiento extraño y manifestaban actitudes corporales raras. Se me dio esta instrucción: "No aprobéis nada de esto". Las actuaciones con visos teatrales o extravagantes no deben tener lugar en la proclamación del mensaje solemne que nos ha sido confiado.
El enemigo vigilará estrechamente y aprovechará toda ventaja o circunstancia para rebajar la verdad mediante la introducción de actuaciones indignas. No hay que estimular ninguna de estas actividades. Las verdades preciosas que se nos han dado deben ser proclamadas con toda solemnidad y con sagrado temor reverente (Manuscrito 19, 1910). El Evangelismo, pág. 105

Nuestro éxito dependerá de que llevamos a cabo la obra con la sencillez con que Cristo la realizó, sin introducir en ella ninguna actividad teatral (Carta 53, 1904).
El Evangelismo, pág. 106

La obra en las grandes ciudades debe realizarse de acuerdo con las disposiciones de Cristo y no según los principios que rigen las representaciones teatrales. No es la representación teatral lo que glorifica a Dios, sino la presentación de la verdad en el amor de Cristo (Testimonies, tomo 9, pág. 142. Año 1909).
El Evangelismo, pág. 154

El mundo rebosa de errores y fábulas. Continuamente se presentan novedades en forma de dramas sensacionales para embotar la mente; y abundan las teorías absurdas destructoras del progreso moral y espiritual. La causa de Dios necesita hombres de intelecto, hombres de pensamiento, hombres bien versados en las Escrituras para que hagan frente a la marea de la oposición.
(Obreros Evangélicos, pág. 298)

En esta época de extravagancias y ostentación externa, cuando los hombres creen necesario hacer un gran despliegue de apariencia para obtener éxito, los mensajeros elegidos por Dios deben demostrar la falacia de gastar innecesariamente medios para lograr efectos. Mientras trabajen con sencillez, humildad y dignidad llena de gracia, evitando todo lo que sea de índole teatral, su obra hará una impresión duradera para el bien.
(Obreros Evangélicos, pág. 359)

La obra se ha de hacer en las grandes ciudades según la orden de Cristo y no como una representación teatral. Lo que glorifica a Dios no es una representación teatral sino la presentación de la verdad en el amor de Cristo.
(Obreros Evangélicos, pág. 369)

A Dios no le agrada el gran gasto de recursos que Ud. hace para anunciar sus reuniones, y por la ostentación que realiza en otros aspectos de su trabajo. La ostentación no armoniza con los principios de la Palabra de Dios. El es deshonrado por sus dispendiosos preparativos. Algunas veces Ud. hace lo que se me ha presentado simbólicamente como poner trozos de calabaza silvestre en la olla. Esta ostentación hace que la verdad participe fuertemente del gusto del plato. El hombre es exaltado. La verdad no avanza sino que queda trabada. Las personas sensatas advierten que las actuaciones teatrales no están en armonía con el solemne mensaje del que Ud. es portador (Carta 190, 1902).
(El Evangelismo, pág. 97)

Veo que en el ministerio debe realizarse una gran reforma antes que éste se convierta en lo que Dios desea. Cuando los ministros están en el púlpito no tienen licencia para comportarse como actores teatrales, asumiendo actitudes y expresiones calculadas para causar efecto. No ocupen el púlpito sagrado como actores sino como maestros de verdades solemnes.
(El Evangelismo, pág. 464)

La obra que Cristo efectuó en nuestro mundo debe constituir nuestro ejemplo en lo que a ostentación se refiere. Debemos mantenernos tan alejados de lo que tenga ribetes teatrales y de lo que tienda a lo extraordinario como Cristo se mantuvo alejado de estas actitudes en su obra. Lo que llama la atención y excita no es religión, aunque la religión ejercerá su influencia pura, sagrada, elevadora y santificadora produciendo vida espiritual y salvación (Carta 53, 1904).
(El Evangelismo, pág. 290)

Los temas deben ser presentados de tal manera que la gente reciba impresiones favorables. En las reuniones no se debe hacer nada de naturaleza teatral…
(Consejos Sobre Salud, pág. 481)

Mientras los jóvenes se hacen expertos en juegos que no son de valor real para ellos o los demás, Satanás juega la partida de la vida por sus almas, arrebatándoles los talentos que Dios les ha dado, y colocando en su lugar sus malos atributos. Su esfuerzo consiste en inducir a los hombres a ignorar a Dios. Procura enfrascar y envolver la mente tan completamente, que Dios no halle cabida en su pensamiento. No quiere que la gente conozca a su Hacedor, y queda muy complacido si puede poner en marcha juegos y funciones teatrales que confunden de tal manera los sentidos de los jóvenes, que se olvidan de Dios y del cielo.
(Consejos para los Maestros Acerca de La Educación Cristiana, pág. 262)

Mientras los jóvenes hacen expertos juegos que no son de valor real para ellos o los demás, Satanás juega la partida de la vida por sus almas, arrebatándoles los talentos que Dios les has dado, y colocando en su lugar sus malos atributos. Sus esfuerzos consisten en inducir a los hombres a ignorar a Dios. Procura enfrascar y envolver la mente tan completamente, que Dios no halle cabida en su pensamiento. No quiere que la gente conozca a su hacedor, y queda muy complacido si puede poner en marcha juegos y funciones teatrales que confunden de tal manera los sentidos de los jóvenes, que se olvidan de Dios y del cielo.
(La Educación Cristiana, pág. 315)

No puedo encontrar ningún caso en la vida de Cristo que demuestre que él haya dedicado tiempo al juego o a la diversión. El era el gran educador para la vida presente y futura. No he podido hallar ningún caso que indique que haya enseñado a sus discípulos a entregarse a la diversión del fútbol o a partidas de pugilato con el fin de hacer ejercicio o a presentaciones teatrales, y, no obstante, Cristo fue nuestro modelo en todas las cosas.
(La Educación Cristiana, pág. 420)

Medios Para Enseñar La Verdad

Las parábolas y los símbolos de Cristo

Debemos tratar de seguir más estrechamente el ejemplo de Cristo, el gran Pastor, mientras trabajaba con su grupito de discípulos, estudiando con ellos y con la gente las Escrituras del Antiguo Testamento. Su ministerio activo consistía no solamente en sermonear, sino en educar a la gente. Cuando pasaba por las aldeas, entablaba relaciones personales con la gente en sus hogares, enseñando y ministrando a sus necesidades. Cuando las multitudes que lo seguían aumentaban, cuando llegaba a un lugar adecuado, les hablaba, simplificando sus discursos con el empleo de parábolas y símbolos (Carta 192, 1906).

Deben usarse cuadros

Habéis dado mucho estudio al asunto de cómo hacer interesante la verdad, y los cuadros que habéis hecho están en perfecto acuerdo con la obra que ha de realizarse. Estos cuadros son lecciones objetivas para la gente. Habéis puesto intensidad de pensamiento en la obra de realizar estas llamativas ilustraciones. Y ellas tienen un efecto notable al ser presentadas a la gente en vindicación de la verdad. El Señor las usa para impresionar las mentes. Se me ha dado instrucción clara y distinta en el sentido de que deben usarse cuadros en la presentación de la verdad. Y esas ilustraciones deben hacerse más impresionantes por medio de las palabras que muestran la importancia de la obediencia (Carta 51, 1902).

Enseñanza de las profecías mediante cuadros baratos

El empleo de cuadros es sumamente eficaz para explicar las profecías que se refieren al pasado, al presente y al futuro. Pero debemos hacer que nuestra tarea sea tan sencilla y tan barata como sea posible. La verdad debe explicarse con sencillez. En ningún caso debemos seguir el ejemplo de ostentación establecido por el mundo (Manuscrito 42, 1905).

Uso eficaz de medios apropiados

El pastor S está realizando actualmente un esfuerzo en Oakland. . . Ha armado su tienda en una ubicación céntrica y ha obtenido no buen auditorio, mejor de lo que habíamos esperado.
El hermano S es un evangelista inteligente. Habla con la sencillez de un niño. Nunca se come una sola sílaba de sus discursos. Predica directamente de la Palabra, haciendo que la Palabra hable a todas las clases. Sus poderosos argumentos son las palabras del Antiguo y del Nuevo Testamentos. No busca palabras que meramente impresionen a la gente con su conocimiento, sino que se esfuerza para permitir que la Palabra de Dios les hable directamente con una presentación clara y distinta. Si alguno rehúsa aceptar el mensaje, debe rechazar la Palabra.
El hermano S se espacia especialmente en las profecías de los libros de Daniel y Apocalipsis. Tiene grandes representaciones de las bestias de las cuales se habla en estos libros. Estas bestias están hechas de papel maché y por medio de un ingenioso dispositivo, pueden ser traídas ante la congregación en el preciso momento en que se las necesita. Así mantiene la atención del auditorio, mientras les predica la verdad. Por medio de este esfuerzo, centenares de personas fueron inducidas a tener una comprensión mejor de la Biblia de lo que jamás habían tenido, y confiemos en que habrá muchas conversiones (Carta 326, 1906).
(El Evangelismo 151, 152)

Se me ha mostrado que debe ejercerse gran cautela, aún cuando se necesite aliviar la pesada carga que oprime a hombres y mujeres, no sea que éstos confíen en su propia sabiduría y dejen de fiar únicamente en Dios. Es peligroso adular a las personas o ensalzar la capacidad de un ministro de Cristo. En el día de Dios, muchos serán pesados en la balanza y hallados faltos por causa del ensalzamiento. Quisiera amonestar a mis hermanos y hermanas a que nunca adulen a las personas por causa de su capacidad; porque esto las perjudica. El yo se ensalza fácilmente, y como consecuencia, las personas pierden el equilibrio. Repito a mis hermanos y hermanas: Si queréis que vuestras almas estén limpias de la sangre de todos los hombres, nunca aduléis ni alabéis los esfuerzos de pobres mortales; porque ello puede causar su ruina. Es peligroso ensalzar por palabras y acciones a los hermanos o hermanas, por humildes que parezcan ser en su conducta. Si ellos poseen realmente el espíritu manso y humilde que Dios estima tan altamente, ayudadles a retenerlo. Esto no se hará censurándolos, ni dejando de apreciar debidamente su verdadero valor. Pero son pocos los que pueden soportar sin perjuicio la alabanza.
Algunos ministros capaces que están ahora predicando la verdad presente, aman la aprobación. El aplauso los estimula como el vaso de vino al bebedor. Colocad a estos ministros frente a una congregación pequeña que no prometa excitación especial ni provoque oposición definida, y perderán su interés y celo y parecerán tan lánguidos en la obra como el bebedor cuando se ve privado de su dosis de bebida. Estos hombres no llegarán a ser obreros verdaderos y prácticos hasta que hayan aprendido a trabajar sin la excitación del aplauso.
(Joyas de los Testimonios, Tomo 1, pág. 321)

“No quiero el aplauso del mundo falaz; Prefiero en las filas de Cristo servir…”
Himnario Adventista, numero 404

La invitación

En el corazón de Cristo, donde reinaba perfecta armonía con Dios, había perfecta paz. Nunca le halagaban los aplausos, ni le deprimían las censuras o el chasco. En medio de la mayor oposición o el trato más cruel, seguía de buen ánimo.
(DTG, pág. 297)

¿Cómo puedes aprender de Cristo a no ser halagado “por los aplausos” ni deprimido “por la censura”? ¿Qué diferencia producirá en tu vida y en las vidas de los que te rodean?
(Folleto de la Escuela Sabática, Abril-Junio 1998, jueves 25 de junio, pág. 94.)

Fuente: Jadventista
Todo Adventista Techs

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